martes, 10 de junio de 2008

soneto 116.- William Shakespeare

Que al maridaje de los espíritus fieles no admita yo impedimentos:
no es amor el amor que se altera cuando alteración halla, o se pliega con el que se va a irse.
¡Ay no! es una marca siempre fija que mira a las tempestades y nunca la agitan; es la estrella para todo barco errante, cuyo valor es desconocido aunque se pueda medir su altura.
Amor no se deja engañar por el Tiempo, aunque los labios y mejillas rosados al alcance de su curvada hoz lleguen; Amor no se altera con sus breves horas y semanas, sino que lo resiste incluso hasta el filo del juicio. Si esto es error y me lo demuestran, nunca escribí, ni ningún hombre nunca amó.

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